Me cuesta mucho escribir. Es una verdad universal. 1 más 1 son 2, el número atómico del hidrógeno es 1 y a The Loser le cuesta mucho escribir.
Cada vez que me pongo a escribir un post empiezo a dar mil vueltas. Sé lo que quiero transmitir pero no consigo expresarlo con facilidad. Escribo una frase y la borro, cambio palabras una y otra y otra vez. Redacto párrafos que modifico constantemente. Es un proceso que me lleva mucho tiempo y cuando acabo no suelo estar muy satisfecho del resultado. Se puede considerar un defecto, pero por lo que he oído estos días no soy el único que lo tiene.
A raíz de la visita del otro día estuve habando con mi padre sobre mi abuelo y la relación postal que mantenía con sus hermanos. Me contó que cada vez que tenía que escribir una carta se encerraba durante un día entero hasta que conseguía terminarla. Mi padre también me dijo que esa característica la había heredado él, a lo que yo le contesté que también me sucedía lo mismo. Nos pusimos a hablar sobre ello y llegamos a la conclusión de que queremos ser tan precisos, tan certeros, tan correctos (tan "académicos", si me permiten la expresión) a la hora de escribir que nos cuesta un mundo redactar cualquier cosa y, cuando acabamos de hacerlo, el resultado queda bastante forzado (y pedante). Es como si la vergüenza a que el resultado sea malo, el miedo a que alguien lea lo que escribimos y piense "qué mal escrito", nos frenase a la hora de poner negro sobre blanco lo que queremos expresar.
Desde que tuvimos esa conversación ya no le doy tanta importancia a mi defecto a la hora de escribir. En el fondo creo que hasta me hace ilusión tenerlo porque he pasado a considerarlo una especie de "herencia" familiar. Tienen ustedes razón, sé que es ridículo alegrarse de un defecto y mi cabeza comparte esa opinión, pero en el fondo no puedo evitar sentir una especie de orgullo.





















