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miércoles, 6 de julio de 2011

Herencias

Me cuesta mucho escribir. Es una verdad universal. 1 más 1 son 2, el número atómico del hidrógeno es 1 y a The Loser le cuesta mucho escribir.

Cada vez que me pongo a escribir un post empiezo a dar mil vueltas. Sé lo que quiero transmitir pero no consigo expresarlo con facilidad. Escribo una frase y la borro, cambio palabras una y otra y otra vez. Redacto párrafos que modifico constantemente. Es un proceso que me lleva mucho tiempo y cuando acabo no suelo estar muy satisfecho del resultado. Se puede considerar un defecto, pero por lo que he oído estos días no soy el único que lo tiene.


A raíz de la visita del otro día estuve habando con mi padre sobre mi abuelo y la relación postal que mantenía con sus hermanos. Me contó que cada vez que tenía que escribir una carta se encerraba durante un día entero hasta que conseguía terminarla. Mi padre también me dijo que esa característica la había heredado él, a lo que yo le contesté que también me sucedía lo mismo. Nos pusimos a hablar sobre ello y llegamos a la conclusión de que queremos ser tan precisos, tan certeros, tan correctos (tan "académicos", si me permiten la expresión) a la hora de escribir que nos cuesta un mundo redactar cualquier cosa y, cuando acabamos de hacerlo, el resultado queda bastante forzado (y pedante). Es como si la vergüenza a que el resultado sea malo, el miedo a que alguien lea lo que escribimos y piense "qué mal escrito", nos frenase a la hora de poner negro sobre blanco lo que queremos expresar.

Desde que tuvimos esa conversación ya no le doy tanta importancia a mi defecto a la hora de escribir. En el fondo creo que hasta me hace ilusión tenerlo porque he pasado a considerarlo una especie de "herencia" familiar. Tienen ustedes razón, sé que es ridículo alegrarse de un defecto y mi cabeza comparte esa opinión, pero en el fondo no puedo evitar sentir una especie de orgullo.

jueves, 23 de junio de 2011

Eclipse

Los que por el título han pensado que voy a hablar de la tercera novela de una famosa saga se equivocan. Mi intención es hablar sobre el "ballet cósmico" que tuvo lugar la noche del 15 de junio. Según la Wikipedia, un eclipse lunar consiste en "un evento astronómico que sucede cuando el planeta Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, es decir, cuando la Luna entra en la zona de sombra de la Tierra. Esto sólo puede ocurrir en la fase de Luna llena." Es una definición clara y concisa que describe muy bien lo que ocurre, pero para mi resulta algo fría.

Siempre me ha gustado mirar la Luna. Es una sensación contradictoria. Por un lado saca la parte más primaria dentro de mi, la de la atracción irracional que hace que me den ganas de ponerme a aullar como si fuese un lobo. Por otro lado saca mi parte más racional y filosófica que hace que pase de pensar sobre las leyes que rigen el universo y de cómo la humanidad ha sido capaz de encontrar modelos que predicen el movimiento de los cuerpos celestes a pensar lo insignificante que es el ser humano con sus miserias y sus logros si se miden en una escala "astronómica". Me quedo embobado mirando la Luna, y es una sensación mágica.

Por eso cuando me enteré de que iba a haber un eclipse lunar me propuse seriamente el no perdérmelo. El miércoles a la noche empecé a mirar al cielo intentando localizar la Luna, pero no lo conseguía. Supuse que el edificio de enfrente me estaba tapando su visión, así que bajé a la calle. Di unas cuantas vueltas buscando ángulos de visión que me permitiesen verla pero no lo conseguí. "Vaya", pensé. "Si no es cosa del edificio será que hay nubes". Y un poco tristón subí a casa. Como no estaba dispuesto a admitir la derrota volví a asomarme al balcón y con alegría descubrí cierta claridad en la parte izquierda del cielo. ¡El viento estaba moviendo las nubes y conseguía abrir un claro! Y entonces la vi. Vi una pequeña franja de Luna que poco a poco fue creciendo. Estuve mucho tiempo mirando hacia arriba como un tonto, pero como un tonto feliz. Incluso intenté sacar alguna foto, pero entre que la cámara no es muy buena y que el fotógrafo es todavía peor el resultado deja bastante que desear.

Fly me to the moon ...

Así que si quieren ver buenas fotografías del evento les recomiendo que prueben pinchando aquí. Y mientras ustedes disfrutan de las imágenes yo me voy retirando mientras tarareo una canción que la palabra "Luna" ha traído a mi cabeza. ¡Hasta la vista!

jueves, 9 de junio de 2011

Americanos

Más o menos, conozco a todos los miembros de mi familia (entiéndase aquí la palabra "familia" como hermanos de mis abuelos y sus descendientes) excepto a la rama perteneciente a mi abuelo paterno. Esto es así porque los hermanos de mi abuelo emigraron a América. La mayor parte se fue a Chile y tengo entendido que uno se quedó en Argentina.

Hasta que murió mi abuelo (cuando yo era muy pequeñito) el contacto con sus hermanos se mantuvo porque se escribían cartas de vez en cuando (ese tipo de cartas en las que se cuentan las alegrías y penas de la familia, los nacimientos y los decesos, las bodas y los bautizos. Cartas que saben a nostalgia, que destilan buenos deseos pero también añoranza. Cartas que nos recuerdan a otras épocas y de las que ya no se escriben). Pero después de su muerte el contacto se perdió y lo único que recordaba aquella relación eran algunos sobres de correo aéreo que andaban desperdigados por casa de mi abuela.

Sobre de correo aéreo - Imagen de la Wikipedia
Yo conocía la existencia de esta rama, a la que nos referimos como "los Americanos" (porque por mucho que se empeñen los yankis, América es muchísimo más que Estados Unidos) pero poco más. Hasta que este fin de semana un hermano de mi padre le dijo que había venido uno de los hijos del tío Classified name de Chile y que si quería conocerlo.

Mi padre se juntó con todos sus hermanos y con su recién conocido primo y yo también me apunté. Se pusieron a hablar de Chile y de España, de los tiempos en que eran pequeños, de las condiciones de vida en el pueblo, de como la gente tuvo que emigrar porque el pueblo se moría, algunos a América y otros a Bilbao. Se pusieron al día de la situación familiar, que si éste se casó y ya tiene tres hijos, que si aquél ya murió... Hablaron de las visitas que los hermanos de mi abuelo le hicieron alguna vez, de como en aquella época el español que había ido a América (conocido desde el momento en que había emigrado como "el americano") sentía que tenía la obligación de volver rico y aparentando, y que si no podía hacerlo prefería no volver. Contaron historias de sus padres, de sus abuelos, de sus tíos... Y yo me quedé embobado escuchando sus palabras, conociendo las historias de los Classified surname de otras épocas, quedándome con la sensación de que en aquellos tiempos había muchas menos posibilidades que ahora pero que las relaciones humanas eran mucho más fuertes que ahora.

Fue un tiempo muy breve el que tuvimos para conocernos, pero fue una experiencia muy enriquecedora.

jueves, 3 de marzo de 2011

Olimpiadas

Las primeras olimpiadas que recuerdo son las de Barcelona 92, con aquel momento tan espectacular del encendido del pebetero (hay gente que sigue discutiendo si la flecha entró o no, discusión que personalmente creo que carece de toda importancia). Mi edad todavía no llegaba a las dos cifras, pero sentía que aquella concentración de deportistas era algo especial. 

Para las olimpiadas de Atlanta 96 ya era un poco más mayor (concretamente 4 años mayor. Es lo que tiene que las olimpiadas sean cada cuatro años, que cada vez que ves una eres 4 años mayor que cuando viste la anterior) y por tanto podría tener más recuerdos. Sin embargo lo único que me viene a la cabeza cuando pienso en ese evento es que estaba en el pueblo, que las retransmisiones eran por la tarde y que el logo aparecía en aquellos botes de coca-cola que comprábamos a 100 pesetas en la máquina para calmar la sed después de jugar un partido o de hacer alguna excursión con la bici.


Cuatro años más tarde llegó Sydney 2000. Para entonces ya tenía claro dentro de mi cabeza lo que deberían representar unas olimpiadas:

El mundo es muchas veces un lugar frío, oscuro, desagradable dónde todo se mueve por intereses y motivos ocultos. Aún así una vez cada cuatro años atletas de todos los países se reunen para competir. Se convierten en rivales por algunos segundos, pero amigos para el resto de sus vidas (o al menos eso era lo que buscaba Pierre de Coubertin). Las olimpiadas deben ser un lugar de unión y hermandad para los deportistas dónde lo importante no es vencer al rival sino vencerse a uno mismo. "Lo esencial en la vida no es vencer sino luchar bien".

Y con estas convicciones vi las olimpiadas de Sydney (y las siguientes), valorando a los atletas por representar lo mejor del ser humano (aunque la profesionalización del deporte haya hecho mucho daño, pero ese ya es otro tema), por su espíritu de superación y de lucha, por propagar un mensaje de unión y esperanza, por representar ese espíritu olímpico que nos hace recordar que podemos hacer del mundo un lugar mejor. Los que ganan medallas merecen admiración, pero es ese atleta que llega el último a la meta  el que me contagia el espíritu olímpico.

Pd: Después de explicarles lo que significan las olimpiadas para mi he de confesarles que lo que más recuerdo de Sydney 2000 es aquel momento de la ceremonia de clausura en el que todo el estadio olímpico se puso a cantar el "Waltzing Matilda". Me emocioné entonces, y ese mismo cosquilleo me recorre el cuerpo cada vez que lo veo:


Pd2: Sé que las olimpiadas de invierno también son olimpiadas pero, por alguna razón que desconozco, para mi los de verano son los auténticos Juegos Olímpicos.

lunes, 21 de febrero de 2011

Feria

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana... (espera, creo que eso no iba así. Me he debido de liar con algo. Mejor vuelvo a empezar).

Hace algún tiempo (y con algún tiempo me refiero a principios de diciembre del año pasado) me encontré con un montón de puestos a la orilla de la ría, entre el puente del Arriaga y el puente del Ayuntamiento. No tengo muy claro de que iba la feria, estuve buscando algún cartel que lo explicase pero no vi ninguno. Tampoco en Internet conseguí encontrar nada. De todas maneras muchos vendedores iban vestidos de manera tradicional, muchos con txapela o vestidas de aldeanas, algún catalán con barretina y hasta algunos vestidos con trajes árabes.

Hice algunas fotografías pero como comprobaran muchas me salen borrosas. Igual es porque la cámara no es muy buena, o igual es porque tengo la manía de mover la máquina antes de que se haya acabado de hacer la foto, todo puede ser. De todas maneras les pondré algunas a continuación. Espero que les gusten.

Como era día festivo y salió el sol después de un fin de semana sin dejar de llover aquello estaba lleno de gente:

Fiesta + sol = gente a mogollón
Había varios puestos de artesanía:

Jabones, bálsamos y perfumes

Cuero y marroquinería

Jarrones de madera
Pero lo que a mi realmente me gustaron fueron los puestos dedicados al noble arte del yantar:

Embutidos tradicionales

Mhhhhhhhh, rosquillas

Dulces árabes

Pinchos morunos

Miel y queso
Todo tenía una pinta exquisita y aquello olía gloria, pero como la comida ya estaba hecha y nos estaba esperando en casa no probe nada. El año que viene tendrá que ser, si es que vuelven.

jueves, 10 de febrero de 2011

Sobre flores y pastores

Todos los veranos voy de vacaciones al pueblo en el que nacieron mis padres. Es un pueblo muy pequeñito que está en La Rioja pero a unos escasos kilómetros de la provincia de Burgos. Mis abuelos también son de allí, así que los primeros veranos de mi vida solía quedarme unas semanas solo con ellos en el pueblo mientras mi padre se quedaba trabajando en Bilbao.

Esos días solía dar muchos paseos por el monte con mi abuelo materno ("yayo" le llamábamos mi hermana y yo para diferenciarlo de mi abuelo paterno, al que llamábamos "abuelo"). Me contaba un montón de historias y de cuentos (que nunca se me ocurrió escribir o grabar y que por culpa de esa falta de previsión se han perdido) y me enseñaba el nombre de los montes: "Aquello Dehesilla, eso los Pies de la Sierra, eso que ves más allá la Solana, aquellos los Tres Picos..."

Antes de ir a la guerra y de emigrar a Chile mi yayo fue pastor así que conocía muy bien los montes y la flora local. De vez en cuando cogíamos manzanilla (sin confundirla con la magarza) para las infusiones. Cuando íbamos a recogerla en las cercanías de septiembre, el suelo empezaba a llenarse de unas flores violetas que crecían a ras de suelo y que guardaban cierto parecido a las del azafrán.

Foto de la Wikipedia
Mi yayo me decía que se llamaban "espantapastores" (aunque la wikipedia dice que el nombre que se le da en La Rioja es el de "espachapastores"). Me decía que el nombre le venía de que cuando los campos empezaban a cubrirse de estas flores los pastores tenían que ir preparándose para la trashumancia (cuando los pastores del norte llevaban su ganado hacia los pastos del sur ante la llegada del invierno). Después pasaba a contarme cómo pasaba las noches durmiendo en el monte, atento a los perros por si atacaban los lobos, y en su mirada se podía ver como revivía aquellas noches de frío y miedo con nostalgia.

Creo que mi yayo nunca hizo la trashumancia pero aún así  me cantaba una canción sobre ella que yo me aprendí:
Ya se van los pastores
a la Extremadura,
ya se queda la sierra
triste y oscura.

Ya se van los pastores,
ya se van marchando,
más de cuatro zagalas
quedan llorando.

No se por qué hoy he vuelto a acordarme de esta canción y de las historias de mi yayo. Quizás sea este sol que tenemos hoy en Bilbao que me ha hecho recordar el sol de aquellos días de septiembre. Sólo sé que cuando he escuchado la versión que hizo Ismael Serrano de esta canción (canción popular que por lo que he visto en Internet es conocida en un montón de sitios de España) no he podido evitar echar mucho de menos a mi yayo. Les pongo la canción a continuación con la esperanza de que él la oiga esté donde esté. Yayo, ésta va por ti.

lunes, 31 de enero de 2011

No tenemos nada que envidiar en el mundo

Estas navidades descubrí en casa de mi abuela un libro que sólo puede ser calificado de impresionante (¡GENIAL! que dirían los de adlo). Su título es "No tenemos nada que envidiar en el mundo":

Me encanta el detalle de las letras doradas
Por el título, avispados lectores, podrían ustedes suponer que se trata de un libro de auto-ayuda escrito por algún gurú New-Age que nos alienta a desprendernos de nuestras posesiones materiales y dárselas a él para ser felices. Es todavía más interesante ya que aunque del índice se desprende que se trata de una recopilación de "historias reales"...

Algo más de 60 páginas de literatura pura
... tras leerlo y comprobar que es tan bueno me inclino a pensar que el verdadero autor es el Ministerio de la Verdad:


En este maravilloso libro he conocido la bondad y magnanimidad de nuestro glorioso e inmortal Líder, Kim Il Sung
El camarada KIM IL SUNG tiene un brillo especial
Gracias a este libro he podido saber que el Líder es un hombre tan especial que hasta la luz matinal lo adora:


He sabido también que el Líder es tan grande que el solo hecho de pensar en él hace que recuperes tus fuerzas y te vuelvas más audaz.


Aunque no todo es felicidad. El Líder hace todo lo posible por liberar a todo el mundo pero los malditos yanquis imperialistas no nos dejan liberar a nuestros amados hermanos que tan mal lo están pasando.


Sin embargo bajo la firme guía de nuestro Líder es sólo cuestión de tiempo que venzamos a los yanquis ya que ya nos libero antes del enemigo opresor.


Por eso estamos dispuestos a luchar por nuestro Líder y así devolverle una parte del enorme amor que nos da.


Y ya no me queda más que despedir este post diciendo: ¡LARGA VIDA AL CAMARADA KIM IL SUNG!
-¿Cómo? ¿Qué Kim Il Sung hace tiempo que murió? ¿En el 94 dices? Pues podías habérmelo dicho antes y así me evitaba toda esta parrafada y el andar trasteando con las fotos. Bueno, el que está ahora tiene un nombre parecido y se le parece mucho así que seguro que la gente no se da cuenta-


Pd: Otra de las innumerables ventajas del régimen del amado Líder es que no existen derechos de autor, por lo que cualquier reproducción total o parcial de este grandioso libro es totalmene legal.

Pd2: A aquellos de ustedes que piensan que mi cerebro ha sido lavado les comunico que para  quebrar una mente tan fuerte como la mía hacen falta técnicas mucho más complejas.

miércoles, 26 de enero de 2011

Sobre héroes y cobardes

Siempre he sido un cobarde. No es algo de lo que sentirse orgulloso, pero así es como soy. No tengo miedo a la muerte (bueno, por lo menos en estos momentos) porque a todo el mundo le debe llegar su hora. Tengo miedo al dolor, a la soledad, a los cambios, a que todo siga igual... Tengo miedo a la vida.

Dicen mis padres que cuando era niño  no me gustaba subir a las atracciones. También huía de los gigantes y cabezudos. Hablando con ellos sobre este tema recordé la ocasión en la que posiblemente me di cuenta por primera vez que yo no tenía nada que ver con los héroes de las películas que veía o de los tebeos que leía.

Era otoño, o quizás primavera. Hacía fresco y estaba nublado pero no llovía. Tenía unos ocho años y estaba en un polideportivo mientras mi hermana participaba en alguna competición deportiva. Un niño un poco más pequeño y yo nos estábamos aburriendo soberanamente así que decidimos salir de allí y explorar las instalaciones deportivas, supongo que creyéndonos Indiana Jones (igual la habían echado el día antes en la tele). En nuestro caso el "templo maldito" que encontramos fue la piscina descubierta. Era una piscina semi olímpica en cuya superficie flotaban algunas hojas (entonces era otoño, no primavera). Recuerdo que empecé a jugar alrededor de la piscina ( pero algo alejado del borde puesto que no sabía nadar y siempre fui un niño prudente/cobarde) cuando de repente oí un fuerte *SPLASH*. Me dí la vuelta y vi que mi compañero se había caído al agua. Estaba braceando, luchando por agarrarse a la orilla (él tampoco sabía nadar).  Gracias a Dios cayó al lado del borde y se pudo agarrar rápidamente. "¿Y qué hiciste tú?", se preguntaran ustedes, o pacientes lectores. No hice nada. Cualquiera de mis héroes se hubiese acercado corriendo a la orilla y le hubiera dado el brazo, o hubiese buscado un palo para que lo alcanzara. Pero  yo me quede inmóvil, mirando como movía los brazos. No recuerdo si gritaba o no pidiendo ayuda. Sólo recuerdo que me quedé congelado. Como un cobarde. Como lo que era. Como lo que soy.

Hacía mucho que no pensaba en este suceso, pero el otro día me volvió a la mente por sorpresa, como un flash. Al recordarlo me di cuenta de que si volviese a pasarme algo parecido probablemente me quedaría de nuevo congelado porque no me parezco en nada a un héroe. Quizás sea por eso por lo que sigo leyendo superhéroes a mi edad. Porque ellos son todo lo que no soy. Porque igual inconscientemente creo que si los leo una y otra vez se me pegará su valentía y seré capaz de enfrentarme sin miedo a la vida.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Tradiciones

Mi padre siempre cuenta los 31 de Diciembre que cuando él era pequeño le decían en esa misma fecha: "hoy viene al pueblo un hombre con más ojos que días tiene el año". Él y sus amigos iban corriendo a ver la llegada del coche de línea (que es como se llamaba al autobús entonces y es como mi padre lo  llama cuando lo cuenta. Es curioso, siempre lo llama autobús excepto cuando habla de sus tiempos en el pueblo) para poder ver a aquel extraordinario hombre, pero sólo llegaban personas de apariencia muy normal. Lo que no tenían en cuenta es que el día 31 de diciembre al año sólo le queda un día por lo que cualquier persona (no tuerta) que bajase del autobús cumplía lo prometido.

Viajando en blanco y negro

Hoy mi padre mirará el calendario y me volverá a contar la misma historia. Y yo le escucharé atentamente para quedarme con todos los detalles. Y mientras llega la descendencia se lo voy contando a ustedes para practicar y que la misma historia que le contaban a mi padre sea la que yo cuente a mis hijos o sobrinos cada 31 de Diciembre. Al fin y al cabo esa es la magia de las pequeñas tradiciones.

Pd: Espero que este año que llega venga cargado de felicidad y buenos momentos para todos ustedes. ¡FELIZ 2011!

jueves, 23 de diciembre de 2010

Un paseo por Santo Tomás

El día 21 de Diciembre se celebró en Bilbao (además de en muchos otros municipios vascos) la feria de Santo Tomás. Por lo que he leído, el origen de esta fiesta está en que era el día en que los baserritarras pagaban la renta a los dueños de los baserris y aprovechaban para vender sus productos en la ciudad.

Según me comenta mi aita, cuando él vino a Bilbao se celebraba pero era sólo un pequeño mercado que se ponía en la Plaza Nueva. Dice que el apoyo de la caja de ahorros ha hecho que se convierta en la fiesta que es hoy. Yo creo que algo de razón tiene, pero lo que realmente pienso que la ha hecho una feria importante es que es una fecha próxima a Navidad y la gente tiene una excusa para reunirse y comer talo con chorizo (y sobre todo beber sidra) en un dia que no es festivo pero que está muy cerca de las vacaciones de Navidad. Recuerdo que cuando estaba en la universidad y tenía clase por la tarde, el día 21 de diciembre unos cuantos venían más contentos de lo habitual. Y mientras paseaba por la feria ví muchos estudiantes y cuadrillas de personas que probablemente tuviesen que volver a la tarde a trabajar "repostando" alégremente.

Este año llovió y se acercó menos gente de la habitual, pero aún así las fuentes oficiales dicen que unas 125000 personas acudieron este año al mercado. Saqué algunas fotos, pero entre la lluvia, la poca luz y la poca soltura del fotógrafo no tienen demasiada calidad. Espero que les gusten.


Venta de gallos

Remolachas, escarolas, nueces...


...tomates, cebollas pimientos...

...más pimientos (como para una piperrada)

Bonitos colores de la huerta

El paraíso del carnívoro

Preparación del talo

Varias tortas de maíz apiladas

Gente esperando para mover el bigote

Alubias y chorizo, insuperable combinación

Manzanas, nueces y kiwis de caserío

Arreglos florales

Distintos tipos de pan (bollos preñados, pan de nueces, empanada...)


Hombre haciendo una demostración de cómo se hace la mantequilla

Leche sin aditivos, de la vaca a su mesa

Caracoles

Helechos...


...colocados en tejas

Respecto a los helechos, una señora le preguntó al vendedor si no daban nada (refiriéndose a si tenían flor) a lo que éste le contestó con simpatía, "señora, son bonitos. Además, que quiere que den ¿billetes?".

Y para despedirme con ambiente les dejo unas bilbainadas. Que las disfruten.


Pd: Al final no compre ningún talo porque no tenía mucha hambre, pero me quede con las ganas de probarlo. El año que viene será.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Saloneando

Hace algunas semanas me acerqué hasta el salón del cómic de Getxo. Siempre he sido lo que en argot comiquil se denomina "pijamero", es decir, que los tebeos que leo son básicamente de superhéroes (lo que viene siendo gente con trajes que parecen pijamas). También leo algún manga que otro y cómic independiente pero es un porcentaje risible si se compara con la cantidad de tebeo superheroico mainstream americano que consumo. Así que fui hasta Getxo para conseguir la firma (acompañado de su correspondiente "dibujito", por supuesto) de dibujantes que trabajan o han trabajado para Marvel o/y DC. El cartel de firmas era muy interesante: Ángel Unzueta, Rafa Sandoval y el plato fuerte Stuart Immonen.

Partiendo desde el fondo: Stuart Immonen, Kathryn Immonen,
Ángel Unzueta, hombre de la organización y Rafa Sandoval
Para conseguir una firma hay que ser muy paciente y esperar muuuuuucho tiempo en la cola con la posibilidad de que no te toque nunca. Por ejemplo, Immonen o Víctor Santos conseguían hacer un dibujo en algo más de 5 minutos, pero Unzueta y Sandoval tardaban unos 30 minutos por cada persona. Eso sí, eran dibujos mucho más trabajados y que podrían servir como cuadros si  se les pone un marco.
The Spectacular Sandoval
Si cada turno de firmas dura unas 2 o 3 horas, dependiendo del grado de hartazgo del dibujante, calculen la de gente que hizo cola y se fue con las manos vacías y con el convencimiento de que el año que viene lo conseguirán. Yo tuve suerte y conseguí hacerme con dos firmas (todavía alucino cuando pienso que tengo un original de Immonen en casa). Pero sobre todo me gustó poder intercambiar alguna que otra frase con los dibujantes. Me parecieron todos simpatiquísimos y muy agradables.

Mr. Immonen en acción en compañía de Ms. Immonen

Una vez satisfecha mi ansia de firmas me puse a ver como dibujaban el resto de autores. No conocía a muchos de ellos. Tengo la costumbre de no pedir un dibujo a alguien que no conozco. Me parece mal quitarle tiempo a otras personas que si conocen al autor y su trabajo y van a disfrutar de un original de ese artista mucho más que yo, así que me limitaba a maravillarme viendo como trabajaban. Es espectacular ver como de un papel en blanco y  simplemente trazando líneas son capaces de crear todo lo que les pasa por la mente.

En un momento determinado me puse al lado de un dibujante llamado JM Ken Niimura para ver cuál era su estilo, cómo manejaba los lápices. En un principio vi que su estilo era un poco manga, fresco, dinámico. Me gustó aunque no fuese lo que estoy acostumbrado a leer. Después me chocó el oírle hablar castellano sin ningún acento ya que su nombre no me parecía muy de aquí (luego alguien me dijo que era español de padre japonés). Estuve escuchando cómo se dirigía a los fans, como hablaba con ellos y me encantó: humilde, atento, muy interesado por la opinión de los que habían leído su obra... Así que me atreví a hablar un poquito con él. Me dijo que el cartel de este año del salón se lo habían encargado a él, que había publicado unas 5 páginas de Spiderman en Marvel y que le había hecho mucha ilusión, pero que no creía que le volviesen a llamar... Fue un momento muy agradable y me pareció un hombre muy simpático. Me ganó inmediatamente por lo que me prometí a mi mismo que iba a leer alguna obra de ese autor, aunque su estilo fuese lo opuesto a lo que yo estoy acostumbrado a leer. Se lo debía por lo majo que había sido conmigo.

Y me alegro enormemente de haber cumplido mi promesa. Pero de eso hablaré en mi siguiente entrada.


Pd: Hoy no hay posdata que bastante he escrito ya y no es cuestión de aburrirles más de la cuenta.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Una tarde en el museo

Hace un par de miércoles visité el Museo de Bellas Artes de Bilbao con el objetivo de ver una exposición sobre arte Japonés (¿por que en miércoles? se preguntaran ustedes, mi muy avispados lectores. Porque el miércoles es el "Día del Museo" y la entrada es gratuita. Si queridos lectores, tienen razón: el que escribe estas líneas es un agarrado).



Recuerdo haber estado en el Museo de Bellas artes en otras dos ocasiones. La primera con mi padre, cuando era muy pequeño. Había un montón de cuadros así que sólo pudimos ver unas pocas salas (aquella vez tampoco pagamos entrada porque los museos eran gratuitos por aquél entonces). Algunos años más tarde regresé con el colegio. Es curioso pero hasta que no volví a entrar al museo el otro día no me acordaba de que nos habían llevado allí de excursión. El funcionamiento de la mente humana es extraordinario.

Cuando llegué allí en principio sólo iba a ver la exposición de arte japonés pero los recuerdos que tenía me hicieron disfrutar de todos los cuadros y esculturas con los que me encontré: El rapto de Europa, La Anunciación del Greco, El retrato de la condesa Mathieu de Noailles de Zuloaga... Me gusto bastante aunque me quedé con las ganas de saber más sobre arte e historia del arte para disfrutarlo más.

Al final llegué a la exposición que me había llevado hasta allí. En realidad no consistía más que en una sala dónde estaban expuestas unas 150 piezas de arte japones, pero son todas piezas muy bellas. Éstas forman parte de la colección de José Palacio que fue donada al museo por su heredera María de Arichavaleta.  El contenido de la exposición está en este artículo de elcorreo.com  del que yo me limito a reproducir una parte:

"El recorrido de la exposición arranca con la sección ‘Estampas y pinturas’, en la que destacan las ‘ukiyo-e’, un conjunto de imágenes de inspiración popular creadas por los artistas más representativos de este género, como Utamaro, Hokusai y Hirosige, en las que predominan las figuras de actores de kabuki, teatro clásico japonés del periodo Edo, las imágenes femeninas y los paisajes. Tras estas estampas, una serie de objetos nos descubrirán las facetas bélica, cultural y personal de la figura del samurai.

La ceremonia del té también estará representada a través de una selección de bonitas piezas de cerámica. Cerrará la exposición un apartado, que bajo el nombre de ‘Lo Cotidiano’, mostrará diversos objetos de uso personal que encierran detalles de gran belleza, como cajas, escritorios, pastilleros o sellos para el cinturón del kimono."

En el artículo pone que la exposición acabó el 28 de noviembre pero ha sido prorrogada hasta el 9 de enero. Si tienen ocasión les recomiendo que vayan a verla. Y si el principal impedimento es la pasta hagan como yo, vayan en miércoles. 

Pd: Tenía pensado publicar una imagen mía con falda en vez de esta entrada sobre mi visita al museo pero cada vez que intentaba subir la foto el antivirus me la detectaba como amenaza.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El alma y los barcos

Hace algunos días me fuí a dar un paseo por las orillas de la ría del Nervión.  Había estado lloviendo en Bilbao durante toda la semana pero por fin el sábado a la mañana el cielo se  tomó un respiro y amaneció sin amenaza de chaparrón. Decidí por tanto aprovechar la tregua que me ofrecía el tiempo y caminar tranquilamente por la orilla de la arteria fluvial de mi ciudad en compañía de mi aita.
 
Salimos desde nuestra casa (situada en uno de los barrios periféricos de Bilbao) y tomamos la ribera de la ría a la altura del ayuntamiento. Decidimos ir en dirección Olabeaga. Pronto pasamos las Isozaki Atea y el Zubizuri y llegamos a la altura del Guggenheim (parece mentira que haya conseguido escribir Guggenheim bien a la primera. Me ha costado pero al final me lo he aprendido. Aunque lo que nunca seré capaz de hacer es pronunciarlo bien).

El Guggenheim y la torre Iberdrola casi finalizada

Pasamos a la otra orilla por la pasarela Arrupe. Mientras dejamos atrás la universidad de Deusto y nos acercamos al Euskalduna mi aita me habla de cómo era la zona cuando el llegó a Bilbao a principios de los 60. Allí estaban los astilleros del mismo nombre que lleva el palacio de congresos y los barcos subían y bajaban por la ría. Se dedicaban en gran parte a la reparación de navíos , me dice, mi padre  que también llegó a ver botar un barco desde el edificio del Tigre dónde tuvo uno de sus primeros trabajos haciendo estufas. Mi cabeza se imagina entonces a mi padre con  unos 20 años, recién llegado del pueblo, viviendo de patrona (como muchos otros que tuvieron que emigrar a la ciudad)  y con toda una vida por delante. ¿Qué sueños tendría, que retos afrontó en su juventud? Me imagino también una Bilbao mucho más sucia y  fea que la de ahora, pero con mucha más vida, con más oportunidades. Con alma. Envidio sanamente a mi padre porque pudo disfrutar de una ría en la que ver un barco era algo cotidiano y no una excepción como ahora.

Continuamos el paseo y después de pasar el museo marítimo seguimos por la ribera de Olabeaga. Hay un par de cormoranes secando sus alas en los restos de lo que algún día fue la base de algún cargadero o algo por el estilo. No puedo resistirme a hacerles unas fotos (incluso llego a creer que están posando a la espera de que les retrate). También veo al club de remo de Deusto preparándose para entrenar.


Cormorán, cormorán, saca tus plumas al sol


Boga boga marinela

Mi aita me habla entonces de que antes a ese lado de la ría había un montón de industrias que han ido cerrando con el tiempo. Pienso entonces en la época de la reconversión industrial, el desmantelamiento de Altos Hornos. Me vuelvo a preguntar si Bilbao ha perdido su alma de hierro y me digo que ha renegado de su tradición industrial para atraer al turismo. Seguimos andando y nos encontramos con unas placas que ha puesto el ayuntamiento para recordar el pasado de la ría y me reconcilio con el mundo.


Pinchar en las imágenes para ampliar


 










Y de pronto Bilbao, que ha sabido mucho antes que yo que lo querré siempre, decide hacerme un regalo conspirando para que mi paseo coincida con el día del navegante y me permite ver varios barcos surcando su ría.





Al ver estos barcos mi corazón se alegra, las nubes que podían planear sobre mi cabeza se despejan y puedo volver a casa agradeciéndole a Bilbao que sea como es y que fuera como fue. De todas manera sigo teniendo envidia  (sana) de mi aita porque sé que aunque lo que yo he visto me parece hermoso es sólo una pequeña fracción de lo que él veía cada día cuando paseaba por el arenal de camino al trabajo.


Pd: si no han pinchado en el pie de foto que dice "Boga boga marinela" hagánlo. Les prometo que vale la pena